Segundas Oportunidades
Tuve la oportunidad de viajar a San Luis Potosí, México, uno de los estados de mi país que aún no tenía la fortuna de conocer, y fue tanto lo que vi que me moría por venir a contarles y mostrarles las joyas que encontré (o me encontraron).
Primero que nada quisiera mostrarles algo que significó mucho para mí, pero que también me sorprendió ampliamente. Lo que el arte y el manejo apropiado de un lugar pueden hacer es asombroso. El arte tiene el poder de transformar y contar historias más allá de lo visual. En San Luis Potosí encontré arte en toda la extensión de la palabra dentro de un viejo centro penitenciario. El contraste entre la obscuridad del pasado carcelario y la luz del espacio creativo actual se siente fresco y como una experiencia única.


El Centro de las Artes de San Luis Potosí es algo tan único porque funciona dentro de una vieja penitenciaria que aún conserva toda su estructura panóptica, y estar ahí es tan poderoso como suena. Dentro también se encuentra el Museo de Leonora Carrington, de quien admiro muchísimo su trabajo.
Esta prisión operó 100 años (de 1894 a 1999) y la verdad es que todos sus rincones son aprovechados al máximo. Algunos se adaptaron un poco, pero la mayoría de las galerías que en el pasado se usaban para castigos y aislamiento hoy son salones llenos de arte, galerías, talleres de danza, música, teatro y pintura. Incluso dentro de las celdas donde alguna vez estuvieron los reos (aún conservan una celda intacta para preservar la memoria) se encuentran diversas exposiciones temporales de artistas.
En 2004 se comenzó a transformar y en 2008 abrió sus puertas al público. En 2018 añadieron el Museo de Leonora Carrington. Así fue como este lugar se reinventó, o al menos se adaptó. Es impresionante la manera en que incluso transformaron el patio en un foro al aire libre, conservando las piedras, las torres, las ventanas donde los reos solían recibir un poco de luz.







Otra cosa muy relevante a destacar es la forma en que las torres estaban construidas. Su alcance panóptico permitía ver a lo largo de los pasillos por su forma de estrella, sobre todo desde la torre de vigilancia central. Puedes verla en las fotos en colores y figuras muy llamativas, ya que se presta para ser intervenida ocasionalmente por diversos artistas.
Lo más impresionante para mí (además de las obras de Leonora y el edificio en sí) fue la manera en que se siente la segunda oportunidad. Una penitenciaria tiene eso como fin: reformar a las personas y brindarles una segunda oportunidad, un lugar designado para cumplir con tu penitencia y volver a salir a la sociedad reintegrado. El que hayan hecho lo mismo con este lugar, además de respetarlo y honrarlo, se siente como una verdadera segunda oportunidad. Incluso tiene su propio jardín, lleno de cactus y frondosos árboles, otro símbolo de una segunda oportunidad para crear vida.








Algunas de las obras de las exposiciones temporales hablaban de temas relacionados con la pérdida de la libertad. Al recorrer todo el centro puedes ver cómo buscan rendir tributo a lo que se vivió ahí y lo que representa tener un lugar como este. Por ejemplo, las obras de Leonora Carrington hacen alusión a su libertad y expresión creativa, y las encuentras en viejas celdas contenidas. Cada celda cuenta una historia diferente, cada una alberga distintas piezas e historias, al igual que lo hizo en su momento reformando a los reclusos. Los contrastes son inspiradores y muy notorios.
Aquí les dejo la galería y espero que si llegan a visitar San Luis puedan experimentarlo con sus propios ojos.






















































